HISTORIA DE LA NACION CARAÍBA

Mar Mar 06 2012, 21:37 por Egho

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HISTORIA DE LA NACION CARAÍBA

PROLOGO

En este trabajo encarado con la seriedad que amerita toda historia y conclusiones propias fundamentadas en el análisis de documentación histórica, …


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FALACIAS DE LA HISTORIA (I); YATASTO

Miér Jun 27 2012, 03:43 por Egho


Con este articulo prosigo en este nuevo foro la serie de falacias historicas inciadas en el viejo barco. 
Espero que dentro de los próximos cinco siglos algún inquieto investigador nos "descubra" …


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A 203 AÑOS DE LA REVOLUCION FRUSTADA

Jue Mayo 30 2013, 02:15 por Egho

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Los 25 de Mayo, los criollos –en realidad los habitantes de Buenos Aires -   festejan –yo no, pese a ser criollo-  ese dia como el de la ruptura definitiva con los débiles lazos que nos …


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CORRUPCION SE ESCRIBE CON K

Jue Mayo 30 2013, 01:58 por Egho

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El sábado pasado, muchísimos idiotas útiles, alguno engañados  y unos cuantos mafiosos festejaron los diez años de la “era” “K”  ; 25 DE MAYO DE 2003- 25 DE MAYO DE 2013.-

Un gran …


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FALACIAS DE LA HISTORIA (IV)

Miér Jun 27 2012, 06:22 por Egho

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FALACIA DE LA HISTORIA IV

CARNE DE CAÑON

¿Podremos Llegar a Viejos?                                                                 [SEPA/Diario El Peso] –(Edicion del 18/04/2011)


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Escandinavia I: Genealogía de Harald Hárfragi

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18032011

Mensaje 

Escandinavia I: Genealogía de Harald Hárfragi




Genealogía de Harald, el de la hermosa cabellera

Año 867 de Nuestro Señor. Las gentes de los países escandinavos se parecen bastante entre sí, pero sus tierras difieren en gran medida. A pesar de siglos de enfrentamientos, querellas y guerras, daneses, suecos y noruegos guardan más afinidad entre ellos que con ningún otro pueblo. Existen, sin embargo, marcadas diferencias entre los fértiles pastos de las islas danesas y la península de Jutlandia; o entre el largo y resguardado litoral sueco de un Báltico sin mareas y los fiordos que recorren la costa atlántica noruega, azotada por las tormentas, con su inmensa cadena montañosa, la Keel (la "tierra yerma"), casi desprovista de caminos. Los noruegos dicen de los daneses que únicamente estos podrían alardear de una colina de doscientos cincuenta metros, el punto más alto de su país, llamándola Himinbjerg, "la montaña del cielo". Los daneses dicen de los noruegos que, si juntas a diez de ellos, once se proclamarán reyes, poniéndose a la cabeza de quince ejércitos para hacerse la guerra unos a otros. Estas bromas tenían de hecho una base en la geografía y la historia. No es que los viajes por tierra fuesen completamente imposibles para los noruegos, ya que existían senderos que iban desde el interior a la costa, con su miríada de islas, y en los largos inviernos los esquiadores podían viajar sobre la nieve más rápidos que cualquier caballo al galope. Aún así, tan sólo requería dos días de viaje por mar lo que por tierra implicaba cruzar montañas de más de tres mil metros. De manera que, en Noruega, resultaba más fácil dividir que unir. Esto resultaba sencillo también en un país en el que, en cada uno de sus mil fiordos, existía un fondeadero donde reunir una flota lista para ser equipada con los segundones desposeídos, los hijos que contaban por palmos la tierra recibida de sus padres.

En esta tierra de pequeños reinos y breves alianzas, cuarenta años atrás había habido un rey, de nombre Guthroth. Era el rey de Vestfold, el territorio occidental, la región al oeste del gran fiordo que llega hasta Oslo y separa Noruega de Suecia. No era un rey mucho mejor, ni mucho peor, que cualquiera de sus vecinos y rivales como los reyes de Østfold, de Ranrike, Raumrike, Hedemark, Hedeland, Toten, Akershus y todos los demás. Sus súbditos, que se contaban en unos pocos miles, le llamaban “el cazador” a causa de su afición, que era la de perseguir mujeres, afición tan peligrosa como difícil, incluso para un rey, en una tierra en la que hasta el jarl o dirigente del más pequeño pueblo contaba en su haber con una lanza, un hacha, y la experiencia de al menos media docena de expediciones vikingas.

Con todo, Guthroth se dedicaba con entrega a su afición. Al final, su primera mujer, Thurith, hija del rey de Rogaland, murió consumida por la injuria de la infidelidad de su marido y los problemas y gastos que ésta causaba, y Guthroth pensó al momento en reemplazarla. Sus ojos se posaron en la hija del rey del pequeño reino de Agdir, no mayor que un pueblo con su puñado de aldeas en derredor: Asa, hija de Hunthjof el fuerte, una doncella de belleza sin par. A Guthrot le pareció que sus encantos podían despertar de nuevo en él los ímpetus de una juventud que se le escapaba. Pero Hunthjof el fuerte rehusó las ofertas de Guthroth, diciendo que su hija no tenía por qué olisquear los lechos de otras mujeres para saber si su pretendiente había pasado por allí. Insultado y rechazado, Guthroth llevó a cabo la que fuera su única gran hazaña más allá de lo comúnmente esperado de entre los reyes de aquella raza guerrera: reunió a sus guerreros y marchó contra Agdir sobre esquís en una noche oscura de invierno, justo después de Yule, cuando los hombre aún dormían el sueño de la cerveza de esta festividad. A la puerta de su alcoba mató en buena lid a Hunthjof el fuerte, si bien es cierto que Guhthrot estaba del todo despierto y completamente armado mientras que Hunthjof estaba medio borracho y completamente desnudo; entonces tomó a Asa, la ató sobre un trineo y la llevó con él a Westfold. Allí, los propios sacerdotes de Guthrot oficiaron la ceremonia y Asa fue conducida, quieras que no, a la cámara nupcial.

Su belleza colmó las expectaciones de Guthroth, y nueve meses más tarde dio a luz a un hijo llamado Halvdan, que sería llamado “el negro” debido tanto a su cabellera como a sus accesos de furia. Guthrot fue poco a poco relajándose, y llegó a pasar por alto atar las muñecas de Asa a los postes de la cama como hacía cada noche, sabedor de que las mujeres con un hijo que defender se vuelven más sensatas y menos proclives a sentirse injuriadas. Siguió asegurándose, sin embargo, de que el cuchillo con el que pelaba las manzanas careciese de punta y no tuviera más filo que el necesario para cortar requesón.

Aún así, había olvidado que una mujer puede servirse de otros hombres como instrumento de su propia voluntad. Un oscuro atardecer, justo tras la festividad de Yule al año siguiente a la muerte del padre de Asa, Guthroth bebió del gran cuerno de auroch que mantenía en su mesa sin soporte alguno, de manera que hubiera de vaciarse de un solo trago, y al poco salió a orinar sobre la nieve. Mientras tal hacía, con sus manos aún ocupadas con los calzones y antes de que hubiese comenzado a vaciar la vejiga, un joven surgió de detrás de una esquina y le atravesó el vientre con su lanza, huyendo raudamente sobre sus esquís. Guthroth vivió lo suficiente para contar que su asesino tan sólo había exclamado: “Quienes matan a hombres borrachos deberían cuidar de permanecer siempre sobrios”, y murió sin haber acabado de orinar.

Guthroth había tenido y reconocido un hijo legítimo de su primera esposa, Thurith, un fuerte muchacho de dieciocho inviernos llamado Olaf. Los hombres esperaban que apaciguase al espectro de su padre enviando a la reina Asa al sepulcro y que limpiase su camino al trono abandonando a los lobos del bosque a su medio hermano, el niño Halvdan. Pero no lo hizo. Y cuando le preguntaban por qué no (un indicio de que no se le temía tanto como debe ser temido un rey, ya que había quien se atrevía a preguntar) contaba que había soñado un sueño. En él había visto un gran árbol crecer del vientre de su madrastra, un árbol con raíces rojas de sangre, tronco blanco y hojas verdes que se extendían por sobre toda Noruega e incluso más allá. Así supo que un gran destino aguardaba a los hijos de Asa, y no quería contrariar a los dioses y atraer la mala suerte sobre él intentando evitarlo.

Olaf, por lo tanto, perdonó a su madrastra y protegió a su hermanastro, pero desde aquel momento tuvo escasa buena fortuna y los hombres dijeron que había apartado de sí la buena suerte. En los días por venir sería eclipsado en la batalla por su hermanastro, el hijo de Asa, quien se ganaría un reino para sí en Østfold. Y el único hijo de Olaf, Rognvald, a quien los hombres llamarían “el magnífico” por su valentía y sus dádivas a los poetas, murió al infectársele un mero rasguño recibido en el transcurso de una escaramuza.

Muy al contrario, Halvdan no sólo contaba con su nuevo reino de Østfold, que compartió lealmente con su hermanastro y protector, y el reino de Agdir de su abuelo, sino también con una esposa a la que ni siquiera la soberbia reina Asa podía despreciar como hacía con todas las demás mujeres. Se trataba de Ragnhild, hija del rey Sigurth el ciervo de Ringerike. Como Asa, ella también había sido secuestrada del lado de su padre, pero no por Halvdan. Mientras su padre cruzaba los senderos de las montañas, fue emboscado por un jefe local, un feroz berserk llamado Haki. A pesar de todo su berserkergang, Sigurth hirió a Haki tres veces antes de morir, consiguiendo cortarle un brazo, de modo que Haki hubo de yacer por todo el invierno, incapaz de gozar de la doncellez de su novia robada. Justo cuando el plazo que calculaba para su recuperación llegaba a su fin, Halvdan atacó primero, a la manera de su padre. A la cabeza de cincuenta hombres escogidos se dirigió a las montañas y prendió fuego a la larga sala de Haki en medio de la noche. Cuando Ragnhild corrió al exterior para saludar a sus salvadores, estos la llevaron con ellos a través de un lago helado. Cuando sus perseguidores llegaron a la orilla y vieron alejarse a los trineos, Haki supo que nunca podrían alcanzarles y que él no sería capaz de soportar la doble pérdida de brazo y novia. Se arrojó sobre su espada, en la esperanza de renacer incólume en Valhalla. Y de esta manera, Halvdan consiguió a la novia más hermosa de todo el norte, y la sola mujer capaz de igualar a su madre en temperamento, y lo hizo a tiempo de gozar de su doncellez a pesar de las apariencias, o eso es lo que él siempre creyó. Al cabo de poco tiempo, su esposa daba a luz a un hijo, Harald, que fue llamado hárfragi, “el de la bella cabellera” en contraste con su padre.

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"Hvort er Gunnar heima?"
"Vitið þér það en hitt vissi eg að atgeir hans var heima."


Hartza

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