HISTORIA DE LA NACION CARAÍBA

Mar Mar 06 2012, 21:37 por Egho

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HISTORIA DE LA NACION CARAÍBA

PROLOGO

En este trabajo encarado con la seriedad que amerita toda historia y conclusiones propias fundamentadas en el análisis de documentación histórica, …


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FALACIAS DE LA HISTORIA (I); YATASTO

Miér Jun 27 2012, 03:43 por Egho


Con este articulo prosigo en este nuevo foro la serie de falacias historicas inciadas en el viejo barco. 
Espero que dentro de los próximos cinco siglos algún inquieto investigador nos "descubra" …


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A 203 AÑOS DE LA REVOLUCION FRUSTADA

Jue Mayo 30 2013, 02:15 por Egho

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Los 25 de Mayo, los criollos –en realidad los habitantes de Buenos Aires -   festejan –yo no, pese a ser criollo-  ese dia como el de la ruptura definitiva con los débiles lazos que nos …


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CORRUPCION SE ESCRIBE CON K

Jue Mayo 30 2013, 01:58 por Egho

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El sábado pasado, muchísimos idiotas útiles, alguno engañados  y unos cuantos mafiosos festejaron los diez años de la “era” “K”  ; 25 DE MAYO DE 2003- 25 DE MAYO DE 2013.-

Un gran …


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FALACIAS DE LA HISTORIA (IV)

Miér Jun 27 2012, 06:22 por Egho

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FALACIA DE LA HISTORIA IV

CARNE DE CAÑON

¿Podremos Llegar a Viejos?                                                                 [SEPA/Diario El Peso] –(Edicion del 18/04/2011)


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LAS FORTINERAS

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15042011

Mensaje 

LAS FORTINERAS




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Hembras bravas, de gran corazón



Pese al tiempo transcurrido la “Campaña del Desierto”, la gran gesta del mentado general Julio Argentino Roca sigue alimentado controversias.
Sus detractores dirán que fue una cruel matanza motivada por la ambición y codicia de una proto-burguesía naciente.
Sus defensores nos hablaran de una verdadera epopeya que permitió la consolidación del territorio nacional.

Pero unos y otros en su encendida discusión, provocadora de una gran humareda que todo lo confunde, también ha condenado al olvido una parte importante de esa “masacre” o “epopeya” , pero cruenta guerra al fin; las mujeres, que fueron la mitad de las tropas de campaña, y dejaron atrás su cómodas vidas hogareñas para pelear y morir junto a sus hombres.

La historia las olvidó, y salvo algún que otro caso, sus nombres no se recuerdan, pese a que fueron muchas las que llegaron a tener grados militares.
"Se las llamó despectivamente chinas, milicas, cuarteleras, fortineras o chusma, en la parte más benévola del vocabulario referente obligado sobre el tema-. En más de una ocasión fueron agredidas con epítetos francamente degradantes."-Vera Pichel -.



Esas “chinas” eran madres, esposas, novias o prostitutas y fueran de un solo hombre o de todo un regimiento fueron muchas, se calcula que llegaron a cuatro mil las “fortineras”, siendo la tropa regular de los fortines de seis mil hombres.
Lo inaceptable, lo inexplicable es porque fueron condenadas al olvido a la hora de escribir la historia. Sin ellas la campaña del Sur (la Pampa ) habría sido imposible de lograrse.
Y no es solo por la ayuda y auxilio que prestaron a los hombres alimentándolos, curándolos y llegado el caso combatiendo a su lado, sino fundamentalmente porque sin su presencia hubiera sido harto difícil motivar a una soldadesca que había sido llevada a los fortines por la fuerza, a desgano, sin su consentimiento.

"Las mujeres, lejos de ser un embarazo en las campañas, eran, por el contrarío, el auxilio más poderoso para el mantenimiento, la disciplina y el servicio (...) Su inteligencia, su sufrimiento y su adhesión sirvieron para mantener fiel al soldado que, pudiendo desertar, no lo hacía porque tenía en el campamento todo lo que amaba." - Domingo Faustino Sarmiento-

El “avance de la civilización” sobre el desierto verde (la gran llanura) necesitó mano de obra. La libertad de vientres y después la abolición de la esclavitud hicieron difícil la solución del trabajo en las nuevas estancias de la naciente burguesía rural.
Se necesito un instrumento legal para coadyuvar a esa solución. Así nación en 1815 el “Reglamento de Individuos en Transito”, versión moderna de la antigua “Ley de vagos y maleantes” de la legislación virreinal española.

El nuevo Reglamento establecía –entre otros- que ; "todo individuo que no tenga propiedad legítima de que subsistir, será reputado en la clase de sirviente, debiéndolo hacer constar ante el juez territorial del partido. Es obligación que se muna de una papeleta de su patrón, visada por el juez. Estas papeletas se renovarán cada tres meses. Los que no tengan documentos serán tenidos por vagos".

Aquellos que carecían de ”la papeleta” debían optar entre conchabarse como peones o reclutarse en el Ejercito.
Es que la tierra ahora tenia dueños, se había acabado el tiempo de levantar un rancho en la “gran pampa” y carnear alguna de las miles de vacas “sin dueño”.
En resumen el “Reglamento” aseguraba, suficiente peonada para las estancias y tropas que el ejercito destinaba a los fortines en los confines del territorio conquistado a los “indios”.

La ocupación de esas tierras llevó décadas y la presencia de las mujeres en los fortines fue una constante incluida en las órdenes y directivas dadas por el ejercito.
A medida que llegaban eran rebautizadas por la soldadera: la Pasto Verde (Carmen Funes de Campos; su marido estaba en el cuartel del coronel Napoleón Uriburu) y la Viejita María; Mamá Culepina (una araucana afincada en el regimiento 3) y Mamá Pilar; la Pastelera y la Pocas Pilchas (que figuraron en un parte diario porque se habían trenzado en una pelea)... Algunas tuvieron nombres humillantes: la Cama Caliente, la Pecho'e Lata, la Vuelta Yegua.
Aunque alguna de ellas fueron respetadas y hasta alcanzaron grado militar, como Isabel Medina que fue nombrada Capitán por heroísmo en combate y Carmen Funes –mamacita- fue Sargento.



La vida en los fortines fue dura, my dura. La comida escaseaba, el agua era una “gracia de dios” , se andaba “mal vestido”, la paga rara vez llegaba en tiempo, a veces con retrazo de un año y mas. Los castigos eran severos y frecuentes.
La temperatura de día era insoportable 35-40 grados –en el verano- y en invierno las noches eran de muy frías –varios grados bajo cero-
El medico del Regimiento 9 de caballería de Línea, en 1879 se refiere al soldado Atanasio Albornoz y decía así: «Murió a consecuencia de la congelación, el cuerpo tenía rigidez cadavérica, estaba insensible, frío, la vitalidad estaba deprimida y los músculos de la región torácica paralizados. Todo lo que tenté fue en vano y no pude recobrarle la vida».

En la soledad del desierto, nuestros gauchos soldados padecieron enfermedades de todo tipo, como por ejemplo: epidemias (viruela, cólera, disentería, fiebre tifoidea); procesos psiquiátricos (psicosis, neurosis alcoholismo, suicidios); males venéreos (sífilis, blenorragia); enfermedades dermatológicas (sarna, eczemas, herpes, úlceras); lesiones del aparato respiratorio(bronquitis, neumonías, tuberculosis); problemas circulatorios (congelamientos, gangrena); disturbios digestivos (diarreas, constipación, gastroenteritis); alteraciones traumatológicas (fracturas, luxaciones, heridas, contusiones); riesgos ecológicos (intoxicaciones hídricas, picadura de insectos, mordeduras de ofidios y fieras salvajes) y afecciones varias (congelaciones cerebrales, artritis, laringitis, fiebres, flemones, oftalmias, conjuntivitis).

Los caballos eran mas importantes que los hombres, sin ellos era imposible recorrer las distancias entre fortín y fortín -a veces mas de diez leguas- y salir a combatir la “indiada”. La importancia de estos animales era tal que en invierno primero se cubría con mantas a los caballos y si sobraban a las mujeres.
La gente de los fortines se levantaba de madrugada –antes del alba- , el desayuno; un mate cocido, alguna galleta, si había suerte un “charque” y a trabajar duro hasta el medio día. Se levantaban empalizadas o se las repara, se hacia adobe para las paredes de los ranchos –de palo y alambre-, se hacia zanja rodeando el fortín y puente levadizo de troncos, atalayas para otear el horizonte. Se iba hasta los montes en busca de paja y tacuaras –cañas- para los techos. Se hacían huertas y chacras para algunas vacas. Las mujeres trabajaban a la par de los hombres, hacían el pan en hornos de barro, cocinaban los guisos y hacían charque-

"... Las mujeres de la tropa eran consideradas como fuerza efectiva de los cuerpos - se les daba racionamiento y, en cambio, se les imponían también obligaciones: lavaban la ropa de los enfermos, y cuando la división tenía que marchar de un punto a otro, arreaban las caballadas. Había algunas mujeres -como la del sargento Gallo- que rivalizaban con los milicos más diestros en el arte de amansar un potro y de bolear una avestruz. Eran toda la alegría del campamento y el señuelo que contenía en gran parte las deserciones. Sin esas mujeres, la existencia hubiera sido imposible. Acaso las pobres impedían el desbande de los cuerpos." Comandante Manuel Prado-

En esos tiempos en la Pampa no se necesitaba infierno; eran los fortines. Las marchas hacia los fortines era toda una Odisea. Días y días de marcha en carretas o a caballo, de sol a sol. La reglamentación del ejercito sobre las marchas establecía un lugar en la columna para las mujeres con familia y las que no la tenían debían arriar la tropilla de caballos. A veces las marchas duraban semanas enteras y fueron muchas las mujeres que parían en plena “pampa”.

"No conozco sufrimientos mayores que los pasados por las infelices familias de aquellas tropas, obligadas a marchar de noche o de día largas distancias con sus hijos en el anca de una mala cabalgadura, cubiertas de polvo, con sed, hambre y frío. ¡Pobres mujeres! Tenían forzosamente que subordinarse a las mismas condiciones que la tropa, so pena de perecer en la soledad del desierto." - coronel Pechman-

El momento de esparcimiento eran los bailes que se organizaban de tanto en tanto. Pero también estos solían terminar en reyertas donde intervenían las mujeres con mas fiereza que los hombres.
También oficiaban de “curanderas” y eran expertas en el manejo de los “yuyos” –hierbas- te y tisanas. Atendían tanto a la soldadesca como a oficiales, una de estas mujeres –Mamá Pilar- salvo la vida al general Teodoro García.
Intervenían en los combates al lado de la tropa, como enfermeras o soldados.

[spoil] Se filmaron dos peliculas "Pampa Barbara -Argentina 1945- y Pampa Salvaje -USA 1967- http://www.youtube.com/watch?v=yV4yc0EJcnY[/spoil]

En 1874 –antes de la Conquista del Desierto de J.A.Roca- estalló una de las tantas revoluciones que precedieron a la constitución del país y fueron el preámbulo de la “organización nacional” que se afianza en 1890, como resultado de la política desarrollada por la llamada “generación del 80”. De ello escribimos son Silmarillión en detalle en “Grandes Conflictos Sociales Argentinos…”

Como resultado del estallido de la revolución de 1874 las tropas regulares de los fortines acudieron unas al llamado del Gobierno central para respaldarlo y otras se plegaron a la revolución. Esto dejó las fronteras en el desierto totalmente desguarnecidas.
Muchos fortines fueron abandonados, como el fuerte General Paz, comandancia de la frontera Oeste, donde no había quedado un solo soldado. Todos habían marchado al campamento de Mercedes con el coronel Lagos, jefe de aquella frontera.

La revolución los había tomado por sorpresa y en muchos lugares hasta se ignoraba ese hecho. El cnel. Lagos al mando de u regimiento regresaba de un enfrentamiento con los indios cuando se anotició de los sucesos de Buenos Aires. Al llegar al campamento, junto las tropas que habían quedado allí y marcho hacia Chivilcoy a fin de ver de mas cerca el giro que tomaba la revolución.

Nadie sabía a dónde iba, lo que sucedía y cuánto duraría aquella marcha precipitada. Todo quedó abierto y tirado, y a disposición del primero que quisiera agarrarlo. Allí quedaban la ropa, las armas de repuesto, las camas, y hasta la correspondencia amorosa. Los quillangos comprados a los indios para traerlos a sus novias unos y a sus madres otros, los retratos de familia y de amor, todo, en fin, quedaba a la vista y a disposición del primer indio que allí entrara.

En el hospital quedó un soldado moribundo, otro, con una indigestión, y dos soldados más heridos privados de todo movimiento. Solo quedaron las mujeres, hasta el médico –Franceschi- monto como pudo –no era hombre de a caballo- un viejo “mancarrón”.

El abandono era riesgoso, si bien es cierto que el campamento estaba situado entre las tribus amigas, nunca se sabia hasta donde confiar de sus jefes: Manuel Grande, Coliqueo y Tripailaf.



Solo quedaron armas obsoletas, polvorín bien provisto y el rancho del coronel Lagos.

Quedo a cargo del fortín la negra Carmen, sargento primero del 2 de Caballería, nombrándosela jefe de la frontera mientras duraba la ausencia del coronel Lagos. Mamá Carmen –como la llamaban- era el único sargento primero que quedaba en el campamento.

La columna se puso en marcha, y mama Carmen se quedó dando sus primeras órdenes para arreglar el servicio de vigilancia.
Don Pedro Bastos, el cantinero, andaba apuradísimo en arreglar sus efectos y al salir del campamento se sintió la voz sonora de mamá Carmen, que dirigiéndose a Bastos le decía:

- ¡Que se quede ése que se llama como baraja! No quiero que se vaya, porque por un flojo no nos hemos de quedar sin ginebra ni vicio de entretenimiento.

- ¡Que se quede mi pulpería! –gritó Bastos-, pues mis matambres los pongo en salvo.

Y fue a formar a retaguardia de la columna, mientras mamá Carmen ponía de guardia en la pulpería de Bastos a la mujer del sargento Romero, una negra buena moza, más grande que un rancho.

La columna siguió la marcha en medio de las más alegres carcajadas, marcha que fue un verdadero vía crucis para el médico Franceschi, quien, como Cristo, no hacía sino caer y levantarse para volver a caer.

Aquella misma tarde mamá Carmen vistió con uniforme de tropa a todas las mujeres que quedaron en el campamento, para que en un caso dado pudiera fingirse un piquete dejado de guarnición en él. En el mangrullo había dos piecitas de bronce, la misma que tomó Arredondo en San Ignacio, y que estaban en buen estado de servicio. En aquel mangrullo estaban perfectamente seguras, pues levantando la tabla no había quien trepara a la estrella, y en último caso, mama Carmen sabía manejar las piezas con bastante acierto.

Allí subían a dormir de noche, estableciéndose de día la más estricta vigilancia. Los indios amigos veían a la distancia que en el campamento habían quedado soldados y no se atrevieron a ir.

Manuel Grande era un cacique que siempre había sido leal al gobierno y que protegía al campamento en cualquier caso de apuro.

Una siesta en la que mamá Carmen estaba entregada con sus amigas y soldados ya mejorados a las delicias de una carne con cuero, sintieron a la centinela que gritaba:

- ¡Indios en el fortín Luna!

Medio atorándose con un bocadote matambre, mamá Carmen mandó formar sobre el mangrullo y subió ella misma a preparar las piezas. Efectivamente; a la derecha del campamento se veía una indiada que avanzaba con el mayor descuido, como si supiera que el campamento estaba abandonado.

Los caballos estaban atados a la estaca y nada acusaba la presencia de tropas. La negra Carmen cargó las piezas, levantó la tabla y se escondió como las demás mujeres detrás del parapeto.

Los dos soldados tenían su carabina con su dotación de tiros, otra carabina mamá Carmen y otras dos tenían la mujer del sargento Romero y la mujer del trompeta Martinone.

Los indios, que sin duda estaban convencidos de que no había nadie, entraron alegremente y mirando a todas partes, como si quisieran descubrir el paraje que debían asaltar primero. Aquí fue donde mamá Carmen hizo asomar a sus tiradores, asomando ella misma, y rompiendo el fuego sobre los indios.

Aturdidos y aterrados por aquel inesperado fuego de fusilería, los indios se hicieron una pelota y salieron del cuadro dando alaridos terribles. Mamá Carmen, que los vio hechos un pelotón que no atinaba por dónde romper, hizo un disparo de artillería que concluyó por aterrarlos. Al segundo cañonazo los indios se ponían en fuga, dejando dos heridos dentro del mismo campamento.

Mamá Carmen salió entonces del mangrullo seguida de los dos soldados, montó a caballo y se puso en persecución de los derrotados, haciéndoles frecuentes tiros de carabina. Si los indios volvían, siempre tendría ella tiempo de volver al mangrullo a jugar su artillería.

Pero los indios no atinaban a volver; los disparos de las piezas los había llenado de espanto y sólo trataban de ponerse a salvo. Tres indios que fueron alcanzados, en un trayecto de veinte cuadras que duró aquella persecución, los ató mamá Carmen y los trajo al mangrullo, diciéndoles:

- No tengan cuidado, hijitos: aquí quedarán hasta que vuelva el coronel y diga lo que ha de hacerse.

Cuando los indios vieron que allí no había más que mujeres, querían morirse de desesperación; pero no había remedio, pues estaban fuertemente amarrados al mangrullo.

Así se libró de ser invadido el fuerte General Paz, durante el tiempo que duró la revolución.

Cuando regreso la división del coronel Lagos, halló los tres prisioneros, guardados por aquel cómico destacamento. No faltaba ni una hilacha; todo se había salvado, gracias al valor y previsión de mamá Carmen.

En otra ocasión, mientras cuidaba la tropilla del jefe, la Parda Presentación -una entrerriana casada con un sargento- espantó, sola y sin ayuda, a un grupo de indios que intentaba acercarse al fuerte.
Menos suerte tuvo un viejo indio que cayo prisionero en otro fortín a cargo de la sargento Misia Magdalena, el preso dijo que quería vivir con los “blancos”, pero Misia lo fusiló. Vengaba así la muerte de su marido y tres hijos en los “entreveros” con los “malones” indios.

Sin duda alguna eran “hembras bravas”.

Cuando todo terminó, muchas de las sobrevivientes se quedaron en el sur. Algunas -no todas- recibieron pequeñas parcelas. La Pasto Verde fue una de las que se afincó. Construyó un ranchito que hizo las veces de posta en el camino de Neuquén a Zapala, hoy ruta 22.

¿Y el resto? El teniente coronel Eduardo Ramayón contó, en 1914, qué fue de ellas:
"El gobierno (mientras duró la Campaña) las proveía de cierta porción del racionamiento que se asignaba al soldado, raciones modestísimas que más tarde, con la desaparición del indio, quedaron definitivamente suprimidas... Estas mujeres ¿qué suerte corrieron? Una vez que todo fue paz y fraternidad, porque habían terminado las guerras, la situación de las pocas sobrevivientes quedó completamente definida con la eliminación de las listas en que figuraban y su no admisión en los cuarteles."

"Sin embargo, ellas también fueron soldados Con ese espíritu tomaron a su cargo las tareas que les fueron asignadas: cocinaron para todos, lavaron la ropa de sus familiares y de soldados enfermos o heridos, cuidaron la tropilla. Curaron, rieron, hablaron de amor... y tomaron un fusil y dispararon cuando fue necesario con la fuerza y la valentía de los veteranos. De ese modo entraron a formar parte, también ellas, de la Conquista del Desierto." -Vera Piche -.

by Egho for Pax Celtibera

Fuente-Bibliografía
Croquis y siluetas militares- Eduardo Gutiérrez
Pampa Bárbara –Ernesto Bayma
Escritos –Amanda Paltrinieri
Las 2 caras de la frontera – Diana Hamra
Mari Quilá asi vivieron – Guido Quintana
Excursion a los indios Ranqueles –Lucio V. Mansilla
Las Cuarteleras – Vera Piché
La Guerra al malon - Manuel Prado
Memorias de Campaña - Cnel Pechman


Egho

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